Cuando el flamenco se vuelve grito: “Malqueridas”, rebeldía en escena


En un tiempo donde el escenario vuelve a ser territorio de toma de palabra, Malqueridas se impone como una obra necesaria. No solo por su temática —la violencia, el amor que oprime, la pérdida y la resiliencia—, sino por el modo en que elige decirlo: a través del cuerpo flamenco, allí donde lo que no se nombra… se baila.

Con dirección de Jimena Tomba, esta creación mendocina reúne a once mujeres que asumen el desafío del flamenco–teatro como experiencia sensorial y política. La obra traza un puente entre tradición y vanguardia, entre memoria y urgencia.

Dividida en once cuadros, la obra recorre un itinerario reconocible: la ilusión del enamoramiento, la entrega absoluta, el silenciamiento, la violencia, la fractura y, finalmente, la reconstrucción. No se trata de una narración lineal, sino de una sucesión de estados corporales y emocionales. Cada cuadro funciona como un fragmento de experiencia, como un latido.

El flamenco —con su densidad rítmica, su zapateo que percute como corazón en alerta, su braceo que abraza y se defiende— se convierte aquí en lenguaje dramatúrgico. Hay labios apretados, torsos tensos, miradas que se sostienen en el límite. Hay una bronca contenida que se vuelve compás. Hay desgarro. Pero también hay tribu.

Uno de los mayores aciertos de Malqueridas es justamente esa construcción colectiva. La escena no expone a una mujer aislada, sino a muchas mujeres que habitan un mismo cuerpo simbólico. La experiencia individual se vuelve experiencia compartida. La violencia deja de ser un secreto privado para transformarse en memoria común.


Cuerpos que recuerdan

“Hay cuerpos que recuerdan”, dice la sinopsis. Y la obra hace de esa frase una poética escénica. El flamenco, históricamente ligado a la expresión del dolor y la resistencia, encuentra aquí una actualización sensible: no como cita folclórica, sino como herramienta viva para narrar lo contemporáneo.

Algunas de las intérpretes no provienen exclusivamente del circuito profesional y, sin embargo —o quizás por eso mismo— la escena gana en verdad. Hay una exposición emocional que no busca la perfección técnica, sino la honestidad expresiva. Y eso conmueve.

La música, de impronta actual, refuerza esa tensión entre tradición y presente. El resultado es un flamenco expandido que dialoga con sensibilidades nuevas sin perder raíz.

Una apuesta valiosa

En un contexto donde la violencia de género sigue siendo una herida abierta, Malqueridas no cae en el panfleto ni en la denuncia literal. Elige otro camino: el de la experiencia estética como transformación. No ofrece respuestas fáciles, pero sí abre preguntas. Invita a sentir antes que a juzgar.

Lo más potente de la obra no es solo lo que denuncia, sino lo que propone: la posibilidad de reconstrucción amorosa entre mujeres, la idea de tribu como sostén, la resiliencia como práctica compartida. Frente al amor que enceguece y se vuelve verdugo, aparece la sororidad como gesto político.

Malqueridas es, en definitiva, una apuesta artística sólida y valiente. Una obra que no deja indiferente y que confirma que el flamenco, lejos de ser una tradición estática, puede convertirse en un grito coreográfico urgente y contemporáneo.

Para quienes aún no la han visto, la recomendación es clara: dejarse atravesar. Porque cuando la palabra no alcanza, el cuerpo habla. Y en Malqueridas, el cuerpo arde.

Gabriel Vaudagna Arango

Marzo 2026

 

El próximo 15 de marzo a las 21 hs. se presentará en el Teatro Quintanilla (plaza Independencia) de la ciudad de Mendoza.

https://www.entradaweb.com.ar/evento/92d12fcb/step/1

Ficha Técnica:

Bailan: Soledad Oses; Celeste Valerio, Julieta Flamarique, 

Naty Baldo, Celina Palavecino, Guadalupe Jofre, Ailén Tetamanti, Dana Morbidelli, Lili Panoff

Dirección: Jimena Tomba

Producción: Compañía Dos Lunas, escuela de danzas de Jimena y Tere Tomba

Godoy Cruz, Mendoza.


 

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